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Mi cama es un nido
“Mi cama fue un roble
y en sus ramas cantaban los pájaros.
Mi cama fue un roble
y mordió la tormenta sus gajos.
Deslizo mis manos
por sus claros maderos pulidos
y pienso que acaso toco el mismo tronco
donde estuvo aferrado algún nido”
Juana de Ibarbourou
El descanso del cansancio, allí me estiro, me acurruco, me abrigo. Me abrigo de las intemperies, las del andar, las del hacer, las de trabajar y persistir. Aunque ya está todo apagado y clausurado, oigo los suspiros de la casa, el reloj, la música suave que he elegido. El libro que abro y algunas palabras que pienso y escribo. Ya he bajado de los andamios que la ciudad me obligó a subir. La cama me pone en contacto conmigo, se consuelan los dolores y los miedos. Después me abraza, le cuento mi aventura diaria, se despeja el bosque y se hace una llanura en la que corro, salto, vuelo, planeo sobre los recuerdos en el momento más lúcido, más iluminado del reposo, cuando llegan pincelando con colores, con blancos y negros, las ideas y los sentimientos que han encontrado la tela en el bastidor...
Los ojos se cierran y empiezo a ver. Empiezo a ver lo que quiero soñar. Veo, todavía despierto, imágenes queridas, deseos que se repasan dentro de sí mismos, miradas, risas, fronteras imposibles, una voz que me nombra. Y en un momento, fuera del tiempo, ni yendo ni viniendo, sin despedidas ni recepciones, ya estoy dormido, y la escena se hace de verdad. El sueño, otra existencia, en la alfombra mágica de mi cama segura, nido sobre las capas flotantes, en el azar...
Silvio Hoffman “La casa mágica” Cap.18 (Año 2006)
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